En los días buenos respiro con claridad, hondo y profundo. Me gusta el frío de la mañana, la escarcha. Abro la ventanilla del coche cuando paso por el prado, cerca de los caballos. Les veo pastando, con la luz todavía azulada y una neblina húmeda sobre la hierba. Entra el aire helado por la ventana - lo respiro - me gusta cuando la nariz se me congela-. Me imagino caminando por aquel prado, entre encinas y robles - el sonido de las ramas vencidas por la nieve, el jadeo de un caballo -. Me imagino que puedo quedarme allí todo el tiempo que quiera, como un caballo salvaje que para allí donde le place.
Y me digo, en los días buenos, que aquel es un sitio silencioso - sagrado - uno de esos lugares que querría se me apareciese en el momento de mi muerte.
(Pino Montalvo)
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miércoles, 25 de enero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
Invierno
Ha muerto una de mis gallinas. Creo que murió de frío. Era la más delicada. Solía quedarse atrás cuando las demás venían a comer. Alguna vez se perdía y dormía fuera del corral. Cuando la saqué esta mañana apenas se movía, al acariciarla se cayó de lado. El jardín estaba blanco con escarcha. Le preparé una cesta con paja y la metí en el baño. Allí hace calor. Respiraba con dificultad, hacía el mismo ruido que hago yo cuando tengo asma. Le dejé comida a un lado, un tomate cortado y varias aceitunas. No llegó a moverse. Cuando volví estaba acurrucada, ya no respiraba. Murió como un pajarito. ¡Qué pequeños sus ojitos cuando los cerró!
(Pino Montalvo)
(Pino Montalvo)
viernes, 13 de enero de 2012
Viaje por el desierto
El príncipe camina bajo el sol con un pañuelo de lino sobre su cabeza. “Atravesaremos el Sahara en veinte días”. De vez en cuando, se gira y me mira. En sus ojos se refleja el desierto. Al anochecer me da de beber. Me arrodillo bajo un árbol y él vierte agua sobre mi cabeza “bebe de este agua y limpia tu cuerpo con ella”, lo dice como cantado, bendice mi cuerpo y después el suyo. Enciende el fuego y se tumba junto a mí. Comemos. Sirve vino en mi copa y yo sirvo vino en la suya. Se quita el pañuelo de la cabeza para cubrirme la espalda y los brazos. Me cuenta la historia de un marinero noctámbulo que habla con los peces por las noches; me río mientras la cuenta. Me roza los labios con sus dedos. Nos miramos en silencio. Una serpiente me atraviesa el cuerpo entero; sus brazos me cubren y me sujetan mientras tiemblo. “Estoy dentro de ti” –dice- “y tú estás dentro de mí. No tengas miedo del viento pues yo te resguardaré, no tengas miedo del hambre pues yo te alimentaré.”
(Pino Montalvo)
(Pino Montalvo)
martes, 15 de noviembre de 2011
El perro viejo
El perro de una amiga se despide de mí para siempre. Es mayor, su vida está siendo más larga de lo que debería ser. Salgo de su casa y al final del pasillo me doy la vuelta; él está al fondo, mirándome de lejos. Me mira largamente sin apenas moverse. Sabe mejor que yo, que ante la muerte no hay vencedor. Me mira con los ojos de un perro viejo –me avisa de que ya no volveremos a vernos-. El perro pequeño y canoso mueve el hocico, se da media vuelta y camina cojeando hacia su casa. Le deseo buen viaje hacia lo desconocido y me voy a casa apenada -tendría que haber jugado más con él...-
(Pino Montalvo)
(Pino Montalvo)
domingo, 21 de noviembre de 2010
La llegada del invierno
"Estaban muy lejos el uno del otro, como si se hubiesen marchado cada uno a un mundo distinto. A veces él la hacía una pregunta y no escuchaba su respuesta. Ella empezó a sentirse pequeña. El universo aun conservaba su misterio y ella se había desnudado entera. Llegó el invierno. Hacían como si no pasase nada, pero estaba pasando y no hacían nada para evitarlo."
"Vuelvo siempre al mismo lugar. Lo que ha sido será."
"La camarera del bar era búlgara. Tenía los brazos grandes y la mirada agria. Parecía que de un momento a otro te podía echar a la calle, pero cuando sonreías al irte, ella te devolvía una sonrisa dulce y de despedida".
"Cuando llegó a su cita con el psicólogo le dijeron que se había confundido de día. Salió de la recepción y no sabía donde ir. Empezó a dar vueltas por la calle creyendo que todo el mundo se reía de él."
"Pasaban varios días sin hablarse, parecía que estuviesen enfadados. Cuando él volvía a mirarla con deseo, ella dejaba limosnas en todas las iglesias."
"Eran amigos desde hacía muchos años, tantos que habían olvidado qué podían tener en común."
"Te miro, ya no veo nada. Lo hemos dejado pasar. Como si yo me hubiese bajado en España y tu te hubieses ido hacia Rusia. No bailaremos más. Pero no lo olvides todo, quédate con algo para cuando nos despidamos. Puede que volvamos a amarnos justo antes del gran final."
"Vuelvo siempre al mismo lugar. Lo que ha sido será."
"La camarera del bar era búlgara. Tenía los brazos grandes y la mirada agria. Parecía que de un momento a otro te podía echar a la calle, pero cuando sonreías al irte, ella te devolvía una sonrisa dulce y de despedida".
"Cuando llegó a su cita con el psicólogo le dijeron que se había confundido de día. Salió de la recepción y no sabía donde ir. Empezó a dar vueltas por la calle creyendo que todo el mundo se reía de él."
"Pasaban varios días sin hablarse, parecía que estuviesen enfadados. Cuando él volvía a mirarla con deseo, ella dejaba limosnas en todas las iglesias."
"Eran amigos desde hacía muchos años, tantos que habían olvidado qué podían tener en común."
"Te miro, ya no veo nada. Lo hemos dejado pasar. Como si yo me hubiese bajado en España y tu te hubieses ido hacia Rusia. No bailaremos más. Pero no lo olvides todo, quédate con algo para cuando nos despidamos. Puede que volvamos a amarnos justo antes del gran final."
domingo, 3 de octubre de 2010
Los enamorados
Ella me habló de su admiración hacia los escritores, de su valentía al enfrentarse a sí mismos. Su marido es poeta, el hombre al que más he amado. Casi abandono mi vida por él; casi. Mi terapeuta dice que a veces tomamos una decisión interior y nos es imposible saber por qué, simplemente la tomamos. Ahora él está enamorado. Podría decir que hasta se parecen físicamente. Yo siempre supe que no ibamos a pasar nuestra vida juntos, aun así me guardé París para él.
(Afortunados los enamorados. Toda la vida por delante y alguien con quien construirla. Se acarician como si no hubiese más cuerpos en el mundo. Se acuestan por la noche y dan las gracias por poder dormir al lado del otro. Cocinan con amor. Se acompañan y se esperan en cafeterías. Se regalan música y hablan hasta el amanecer. Se ríen de las conversaciones que hay en las mesas contiguas. Se ríen porque saben que no hay nadie tan feliz como ellos. No hay nada más luminoso que estar enamorado y ser correspondido. Uno hace milagros estando enamorado. El egoísta se vuelve compasivo y el dormilón no puede dormir. Sensación de juventud y de que todo florece. La muerte se hace lejana, casi imposible.)
Ahora él está enamorado. Se lo merece. Antes su casa estaba fría. Ya no tiene pesadillas. Tiene mejor color, antes era blanco como un espectro; ahora tiene las mejillas coloradas. Ella es dulce y paciente. Me dijo que admira a los escritores por su valentía. Acababan de volver de París. Estuvieron paseando por las calles de los poetas. Los dos dijeron al unínoso: ¡Qué bonito París en otoño!
(Pino Montalvo)
(Afortunados los enamorados. Toda la vida por delante y alguien con quien construirla. Se acarician como si no hubiese más cuerpos en el mundo. Se acuestan por la noche y dan las gracias por poder dormir al lado del otro. Cocinan con amor. Se acompañan y se esperan en cafeterías. Se regalan música y hablan hasta el amanecer. Se ríen de las conversaciones que hay en las mesas contiguas. Se ríen porque saben que no hay nadie tan feliz como ellos. No hay nada más luminoso que estar enamorado y ser correspondido. Uno hace milagros estando enamorado. El egoísta se vuelve compasivo y el dormilón no puede dormir. Sensación de juventud y de que todo florece. La muerte se hace lejana, casi imposible.)
Ahora él está enamorado. Se lo merece. Antes su casa estaba fría. Ya no tiene pesadillas. Tiene mejor color, antes era blanco como un espectro; ahora tiene las mejillas coloradas. Ella es dulce y paciente. Me dijo que admira a los escritores por su valentía. Acababan de volver de París. Estuvieron paseando por las calles de los poetas. Los dos dijeron al unínoso: ¡Qué bonito París en otoño!
(Pino Montalvo)
martes, 1 de junio de 2010
Mi padre
Mi padre está viejo. Tiene un ojo inflamado y la voz raspada. Parece que le cueste hablar. Estamos en la mesa y come despacio. Yo le miro. No, no le miro; casi no puedo mirar sus manos.
Le gusta oírme hablar así que yo le hablo. Le gusta beber vino conmigo aunque no brindemos. Mi madre recoge la mesa y mi padre no se levanta. Parece que la vida le haya atropellado. Así, de repente, se le han teñido los ojos de gris.
Quiero abrazarle; agarrarle con fuerza para que se quede conmigo, para que no se lo lleve el tiempo. Quiero decirle que volverá a ser el de antes -fuerte y tosco como un tronco- pero no me atrevo. Casi no puedo mirar sus manos, que empiezan a temblar cuando sujeta los cubiertos...
(Pino Montalvo)
Le gusta oírme hablar así que yo le hablo. Le gusta beber vino conmigo aunque no brindemos. Mi madre recoge la mesa y mi padre no se levanta. Parece que la vida le haya atropellado. Así, de repente, se le han teñido los ojos de gris.
Quiero abrazarle; agarrarle con fuerza para que se quede conmigo, para que no se lo lleve el tiempo. Quiero decirle que volverá a ser el de antes -fuerte y tosco como un tronco- pero no me atrevo. Casi no puedo mirar sus manos, que empiezan a temblar cuando sujeta los cubiertos...
(Pino Montalvo)
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sábado, 16 de enero de 2010
Separacion
Sueño contigo. No son sueños bonitos. Sueño que me quedo en tu casa, no sé por qué, no tengo a donde ir. Vives con ella. Estáis en el baño. No dejáis de miraros. Esa mirada tuya como si no hubiese nada más en el mundo que vosotros. Te pregunto algo y me contestas seco, indiferente; no quieres que esté allí. Estáis en el salón. Os habláis con amor. Ella cuelga las rosas que le has regalado en la pared, boca abajo para que se sequen. Te pregunta si te gustan allí, tú sonríes y asientes con la cabeza. Estás tranquilo, pero mi presencia no te gusta. La casa está limpia. No es tu casa, es la vuestra. Me miras con desprecio. Me voy de allí y no sé donde ir. Sé que tengo que volver a por mis cosas pero me intimida encontrarme contigo. No quieres tenerme cerca, no quieres verme más.
Me despierto y ya no te reconozco. Tu imagen se oscurece. Cada día un poco más, cada día más lejos. Hemos desaparecido. No queda nada de nuestro pasado. Nada.
(Me has abandonado del todo. No te perdono.)
(Pino Montalvo)
Me despierto y ya no te reconozco. Tu imagen se oscurece. Cada día un poco más, cada día más lejos. Hemos desaparecido. No queda nada de nuestro pasado. Nada.
(Me has abandonado del todo. No te perdono.)
(Pino Montalvo)
martes, 8 de diciembre de 2009
Fragmentos de una carta
... "Estás entrando en mí, nunca has dejado de hacerlo, lo seguirás haciendo toda mi vida. Sueño contigo, estos días sueño contigo porque estamos en diciembre. ¿Recuerdas diciembre del año pasado? El último día del año fuimos a tomar algo por la tarde a aquel hotel -ayer pasé por allí-. Lo intentamos en el Montpelli primero, pero los salones estaban cerrados, en plena preparación del cotillón. Después de despedirnos te volví a llamar -no nos habíamos despedido del año como se debe-. Quedamos en la antigua estación de tren. Era de noche. Estuvimos un buen rato entre las obras, apoyados en una pared, abrazados."
... "Ahora estoy sin ti. Hace ya casi un año. Llega la navidad y la ciudad sigue igual, pero estoy sin ti. Hay mañanas que al abrir los ojos no recuerdo nada de esto; después vuelve la desolación, constante sensación de que algo va mal. No es por ti, no. Siempre me ha pasado, pero tú me calmabas. Sensación de estar muriéndome. Desazón. Algo va mal. Llevo un tanque dentro. Recuerdo la primera noche que pasé contigo. Me desperté a media noche sin saber donde estaba -constante desazón- miré a mi lado y te vi, durmiendo como un príncipe, con tu carita tranquila, tus ojos cerrados, tu piel blanca, un brazo fuera y el pecho medio descubierto. “Todo está en su lugar… todo está donde debe estar…” ni siquiera fue un pensamiento. Fue como si por fin hubiese llegado a casa después de haber estado perdida muchos años. Y mi cuerpo entero se tranquilizó. Sonreí. Te miré durmiendo. El silencio de la habitación, tu silencio, mi silencio. Fue lo más cercano que he estado al cielo. Todos estos años, después de aquella noche, he buscado esa sensación (como un adicto con su primer viaje). Solo la encontré a tu lado -todo en mi se silenciaba-como una muerte dulce-"
... "Ahora estoy sin ti. Mi viejo amigo. Sin ti el dolor se me va metiendo dentro y no sirve de nada, me va mellando y envejeciendo. Es un dolor inútil, lejos de convertirse en amor. A veces me vuelvo cruel. Trato a los demás sin amor. No perdono. Es la amargura. Me estoy matando, lo se, me estoy matando."
... "Tu nombre será la última palabra que pronuncie. Aunque no volvamos a vernos."
(Pino Montalvo)
... "Ahora estoy sin ti. Hace ya casi un año. Llega la navidad y la ciudad sigue igual, pero estoy sin ti. Hay mañanas que al abrir los ojos no recuerdo nada de esto; después vuelve la desolación, constante sensación de que algo va mal. No es por ti, no. Siempre me ha pasado, pero tú me calmabas. Sensación de estar muriéndome. Desazón. Algo va mal. Llevo un tanque dentro. Recuerdo la primera noche que pasé contigo. Me desperté a media noche sin saber donde estaba -constante desazón- miré a mi lado y te vi, durmiendo como un príncipe, con tu carita tranquila, tus ojos cerrados, tu piel blanca, un brazo fuera y el pecho medio descubierto. “Todo está en su lugar… todo está donde debe estar…” ni siquiera fue un pensamiento. Fue como si por fin hubiese llegado a casa después de haber estado perdida muchos años. Y mi cuerpo entero se tranquilizó. Sonreí. Te miré durmiendo. El silencio de la habitación, tu silencio, mi silencio. Fue lo más cercano que he estado al cielo. Todos estos años, después de aquella noche, he buscado esa sensación (como un adicto con su primer viaje). Solo la encontré a tu lado -todo en mi se silenciaba-como una muerte dulce-"
... "Ahora estoy sin ti. Mi viejo amigo. Sin ti el dolor se me va metiendo dentro y no sirve de nada, me va mellando y envejeciendo. Es un dolor inútil, lejos de convertirse en amor. A veces me vuelvo cruel. Trato a los demás sin amor. No perdono. Es la amargura. Me estoy matando, lo se, me estoy matando."
... "Tu nombre será la última palabra que pronuncie. Aunque no volvamos a vernos."
(Pino Montalvo)
domingo, 6 de diciembre de 2009
Si ahora me vieses
Si ahora me vieses te diría que no,
que no todo ha ido bien
que al final me dejaste de querer
-sin quererlo- pero me dejaste de querer.
Si ahora me vieses te diría
que ya no me gusta esta ciudad
que ya no me gusta tu calle
ni los paseos nocturnos
ni la salida del teatro
ni siquiera el teatro
ni los árboles
ni el mar en calma, ni tus ojos, ni los míos.
Si ahora me vieses lloraría en tus manos
lloraría en silencio
-todo lo que te he querido-
y te preguntaría de qué me ha servido tu amor,
de qué me ha servido...
(Pino Montalvo)
que no todo ha ido bien
que al final me dejaste de querer
-sin quererlo- pero me dejaste de querer.
Si ahora me vieses te diría
que ya no me gusta esta ciudad
que ya no me gusta tu calle
ni los paseos nocturnos
ni la salida del teatro
ni siquiera el teatro
ni los árboles
ni el mar en calma, ni tus ojos, ni los míos.
Si ahora me vieses lloraría en tus manos
lloraría en silencio
-todo lo que te he querido-
y te preguntaría de qué me ha servido tu amor,
de qué me ha servido...
(Pino Montalvo)
sábado, 28 de noviembre de 2009
Cuando entregas un poema
Cuando entregas un poema a quien has amado y él dice mientras lo lee: "Me voy a poner triste..."
Hace mucho que te ha olvidado.
(Pino Montalvo)
Hace mucho que te ha olvidado.
(Pino Montalvo)
lunes, 23 de noviembre de 2009
Las manos
Empecé a pensar en las manos de mi padre.
Solía caminar muy deprisa, como un soldado. Recordé mis pies chocando con todo lo que se me cruzaba en el camino y dejándome caer hacia los lados para que él me cogiese la mano.
Encendí un cigarrillo. Miré al hombre sentado a mi lado que seguía insistiendo en irnos a la parte de atrás del coche para terminar lo empezado. Le dije que ya no me quedaban fuerzas ni para volver a casa. Sus manos se agarraban al volante, miraba hacia el frente y me decía que no le podía dejar así. Hablaba desencajado, con la mirada perdida y la voz gastada. Le dije que lo sentía, él se revolvió en su asiento y se quedó callado.
Volví a pensar en las manos de mi padre. Cuando le alcanzaba él no reducía su paso, me ofrecía su mano y el resto del camino cargaba conmigo.
Recordé aquel tacto; su mano cogiendo mi mano.
Apagué el cigarrillo. El hombre sentado a mi lado se había quedado en silencio. En sus ojos había un niño furioso. Miré sus manos, eran manos suaves, me gustaba cómo se le marcaban los nudillos. Acaricié sus dedos, largos, delgados. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos. Me besó la frente y los parpados hasta llegar a mi boca.
- Vamos a la parte de atrás - dijo.
Sin soltar su mano comencé a desabrocharme el abrigo.
(Pino Montalvo)
Solía caminar muy deprisa, como un soldado. Recordé mis pies chocando con todo lo que se me cruzaba en el camino y dejándome caer hacia los lados para que él me cogiese la mano.
Encendí un cigarrillo. Miré al hombre sentado a mi lado que seguía insistiendo en irnos a la parte de atrás del coche para terminar lo empezado. Le dije que ya no me quedaban fuerzas ni para volver a casa. Sus manos se agarraban al volante, miraba hacia el frente y me decía que no le podía dejar así. Hablaba desencajado, con la mirada perdida y la voz gastada. Le dije que lo sentía, él se revolvió en su asiento y se quedó callado.
Volví a pensar en las manos de mi padre. Cuando le alcanzaba él no reducía su paso, me ofrecía su mano y el resto del camino cargaba conmigo.
Recordé aquel tacto; su mano cogiendo mi mano.
Apagué el cigarrillo. El hombre sentado a mi lado se había quedado en silencio. En sus ojos había un niño furioso. Miré sus manos, eran manos suaves, me gustaba cómo se le marcaban los nudillos. Acaricié sus dedos, largos, delgados. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos. Me besó la frente y los parpados hasta llegar a mi boca.
- Vamos a la parte de atrás - dijo.
Sin soltar su mano comencé a desabrocharme el abrigo.
(Pino Montalvo)
Culpa
Era como un niño
¡Los niños son buenos!
Él ya era mayor, ya no era bueno.
Sus ojos brillaban
brillaban de tanto llorar.
Buscaba nuestro perdón
no queríamos perdonarle.
Buscaba nuestro cariño
nos daba miedo mirarle.
¡Nos dolía su dolor!
Tuvimos que abandonarle
Si, tuvimos que abandonarle…
(Pino Montalvo)
¡Los niños son buenos!
Él ya era mayor, ya no era bueno.
Sus ojos brillaban
brillaban de tanto llorar.
Buscaba nuestro perdón
no queríamos perdonarle.
Buscaba nuestro cariño
nos daba miedo mirarle.
¡Nos dolía su dolor!
Tuvimos que abandonarle
Si, tuvimos que abandonarle…
(Pino Montalvo)
domingo, 22 de noviembre de 2009
Viejo llorón
Reconciliación 00
Cuando te conocí me hablabas en círculos. Me hablabas del verde y del Greco, de Rusia y de Dios... Tus dedos trazaban formas en el aire, a veces sobre la mesa.
Nuestra conversación se convertía en un baile, me gustaba escucharte y dejarme llevar por la música...
Nuestra conversación se convertía en un baile, me gustaba escucharte y dejarme llevar por la música...
Reconciliacion 01
Me contaron una historia sobre un psicoanalista y su paciente.
Llevaban más de un año viéndose en consulta. El paciente hablaba de su mujer, de su trabajo, de su madre, del colegio... pero nunca nombraba a su padre.
Un día de tormenta, el paciente llegó tarde y empapado por la lluvia. Nada más entrar en la consulta, mientras se quitaba el abrigo dijo:
“- ¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”
El psicoanalista le mandó a casa en ese mismo momento, después de cobrarle (claro) los 60 eur de la cita. El paciente se fue muy enfadado, jurándose que cambiaría de psicoanalista esa misma semana. Pasó toda la noche en vela, preguntándose qué le habría hecho al psicoanalista para que éste le echase de la consulta.
A la mañana siguiente se acordó de la lluvia que había caído la tarde anterior, recordó lo empapado que estaba cuando llegó a la consulta y lo que dijo al entrar: “¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”.
El paciente volvió a la semana siguiente a la consulta y empezó a hablar de su padre...
(Pino Montalvo)
Llevaban más de un año viéndose en consulta. El paciente hablaba de su mujer, de su trabajo, de su madre, del colegio... pero nunca nombraba a su padre.
Un día de tormenta, el paciente llegó tarde y empapado por la lluvia. Nada más entrar en la consulta, mientras se quitaba el abrigo dijo:
“- ¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”
El psicoanalista le mandó a casa en ese mismo momento, después de cobrarle (claro) los 60 eur de la cita. El paciente se fue muy enfadado, jurándose que cambiaría de psicoanalista esa misma semana. Pasó toda la noche en vela, preguntándose qué le habría hecho al psicoanalista para que éste le echase de la consulta.
A la mañana siguiente se acordó de la lluvia que había caído la tarde anterior, recordó lo empapado que estaba cuando llegó a la consulta y lo que dijo al entrar: “¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”.
El paciente volvió a la semana siguiente a la consulta y empezó a hablar de su padre...
(Pino Montalvo)
Reconciliación 02
Me di cuenta de que te ibas a ir con la mujer que estaba sentada a tu lado. Ella estaba cansada. Pude sentir la música, tu nueva música. Tus dedos trazaban formas sobre la mesa alrededor de su mano. Ella se mecía en tus palabras.
No comprendí por qué tuve que ser testigo de aquello.¡Qué frialdad hay en un amor que ha pasado página! ¡qué abandono!
(Pino Montalvo)
No comprendí por qué tuve que ser testigo de aquello.¡Qué frialdad hay en un amor que ha pasado página! ¡qué abandono!
(Pino Montalvo)
Reconciliación 03
Hace unos días empecé a hablar con mi madre de mi. Nunca había hablado con ella (tal vez de pequeña, pero muy poco). Me llevé una sorpresa cuando al empezar a hablar, ella terminaba las frases.
Mi madre había estado esperándome todos estos años, aunque mi mirada ya se lo iba contando todo...
(Pino Montalvo)
Mi madre había estado esperándome todos estos años, aunque mi mirada ya se lo iba contando todo...
(Pino Montalvo)
Reconciliación 04
No hablaba con su hijo mayor desde hacía muchos años. Frente a sus amigos era el más bromista, en casa siempre de mal humor.
En el hospital, momentos antes de morir, pidió que cerrasen un poco las cortinas. No quería demasiada luz; la suficiente para ver a su familia.
Cogió la mano de su hijo mayor y le miró a los ojos por primera vez. Su hijo lloró. Él le acarició la mejilla. Entonces se le fue el miedo. Todo el miedo. La muerte, antes de llevárselo, le había hecho el regalo más preciado: un corazón humilde.
(Pino Montalvo)
En el hospital, momentos antes de morir, pidió que cerrasen un poco las cortinas. No quería demasiada luz; la suficiente para ver a su familia.
Cogió la mano de su hijo mayor y le miró a los ojos por primera vez. Su hijo lloró. Él le acarició la mejilla. Entonces se le fue el miedo. Todo el miedo. La muerte, antes de llevárselo, le había hecho el regalo más preciado: un corazón humilde.
(Pino Montalvo)
Father
Will you hold my hand
when night falls on me?
Will you, father?
Will you look for me
and bring me home?
Will you dry my eyes?
Will you sing to me?
Oh father,
What made you think
I didn´t need you anymore?
(Pino Montalvo)
when night falls on me?
Will you, father?
Will you look for me
and bring me home?
Will you dry my eyes?
Will you sing to me?
Oh father,
What made you think
I didn´t need you anymore?
(Pino Montalvo)
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