domingo, 22 de noviembre de 2009

Horas

Le quedaban cuatro horas de vida.
Me dijo que quería volver a nuestra casa.

La cama estaba sin hacer. Él se acostó.
Yo fui a la cocina. Le preparé un zumo de naranja. Mas tarde le pregunté si tenía hambre. Le habría hecho algún plato de los que teníamos como preferidos, pero me dijo que solo quería que estuviese con él, bajo las sábanas. Cerré las cortinas y encendí la luz de la mesilla, coloqué la lámpara en el suelo. Me pidió que le quitase la ropa, el estaba muy cansado para hacerlo. Yo también me desnudé.

Le quedaban dos horas de vida.
Ya casi no hablábamos.

Cuando solo le quedaba un momento de vida, nos miramos.
Vi miedo en sus ojos. Apagué la luz y le abracé.

(Pino Montalvo)

Mi vida sin mi

Me despierto y te veo a mi lado
te miro -no hay ningún otro lugar que este
ningún otro lugar...-.
Te ríes cuando pido otro vino
pides otro para ti
sonríes
-no hay ningún otro lugar que este...-.
Te despierto con un beso en el hombro
me abrazas
me preguntas si quiero desayunar
te digo que si
-ningún otro lugar-
me abrazas. Coloco mi pierna
entre tus piernas, nos miramos,
me haces gemir cuando me atraes hacia ti
-no hay ningún otro lugar que este
ningún otro lugar...-.
Pones el disco que me gusta, te vas a la cocina
te oigo preparar la cena, me acuesto en el sillón
-ningún otro lugar... -.
Das un frenazo en el coche, pones tu mano
sobre mi pierna para que no me asuste
-No, no lo hay-.
Miras a la gente, escuchas a la gente, en los bares y en la calle,
te miro y sonrío.
Escribes algo en una servilleta
me lo enseñas.
-No hay ningún otro lugar que este, ningún otro lugar-.
Nos quedamos en silencio
no hay nada que decir, ya está casi todo dicho
el resto no lo sabemos.
-Ningún otro lugar... ningún otro lugar...-.

Nos despedimos.
Vuelves a tu casa sin mi, yo vuelvo a la mía.
Me saludas con la mano hasta que mi coche desaparece.
Nos despedimos sin saber cuándo volveremos a vernos.
Pasan los días y se me van las fuerzas.
No me recupero.
No me recupero de ti.
Me despierto y me duermo con tu olor
cada vez más triste.
Dibujo, limpio la casa, trabajo, intento leer, intento escribir,
no me salen las palabras.
Dibujo para centrarme en el lápiz, solo en el lápiz; así descanso.
No se lo que estás pensando.
No se si se te ha ido el hambre o si has vuelto a tu rutina
-como si nada-.

Continua mi vida,
ya no me reconozco.
Me siento en el salón
es como si me sentase en un lugar desconocido.
Mi cama ya no es mi cama.
No se donde estoy.
Sé que debo luchar por lo que he construido.
Por él.
Porque es mi hermano, mi hijo y mi padre.
Porque ha intentado darme todo y yo lo he cogido como si fuese mío.
Porque no puedo verle sufrir.
Porque siento pánico,
un terrible pánico a vivir sin él.
Porque no se merece esto
Porque yo no le merezco.

Y tu recuerdo se me va haciendo
más doloroso.
Temo que no me ames
temo que me ames
temo amarte demasiado y no poder luchar
temo no amarte.
No se donde estoy.
No se por qué lloro cada vez que estoy sola.
Por qué duele tanto.
Por qué los días se me hace tan largos.

Él me ve cada vez más lejos.
Él lo vive en silencio,
sin decirme nada siente cómo me alejo.
Sabe que no puede ayudarme. Sabe, como yo,
que tal vez no haya retorno.
Me coge la mano, quiero quitarla pero no lo hago.
Le abrazo y le miro pidiéndole perdón;
pidiéndole perdón por haberle abandonado
y no dejarle ir.

(Pino Montalvo)

Cuando la hierba se seca

Estaba atardeciendo, el viento movía los árboles y las hojas empezaban a caerse. María se sirvió más vino y dejó el libro sobre la mesa del porche.

Sebastián se sentó a su lado. Callados, miraban hacia la parte seca del césped. A la vuelta de su viaje lo encontraron así, un riego se había roto y estaba haciendo mucho calor. María recordó cuando él, unos años antes, quiso plantar el césped.
-¡No lo vamos a poder cuidar! ¡Es demasiado trabajo!
- Pero el jardín estará precioso, María, lo disfrutaremos. Ya verás lo acogedor que será el jardín cuando la tierra esté verde…

Y así fue. Cada día, cuando volvía del trabajo, ella se tumbaba bajo un árbol y pasaba las manos sobre el césped húmedo. Al atardecer, se sentaba en el porche, le gustaba ver cómo se regaba, el olor y su frescura. Sebastián, cada día, al volver de la oficina, dejaba su bolsa, se cambiaba de ropa y salía al jardín a quitar las malas hierbas, si no hacía esto en unos días, los hierbajos tomaban territorio y cubrían por entero el jardín. Una vez a la semana, tenía que segarlo. Un día si y otro no, el riego se rompía, el pozo se secaba o los plomos se fundían y él se pasaba el fin de semana arreglándolo.

María volvió a coger el libro y simuló leer. Recordó la ilusión que solía tener para plantar flores en primavera, regar la lavanda, recoger los membrillos en septiembre, los paseos por el lago, la casa siempre llena de amigos… Ahora se dormía cuando tenían invitados y la nevera siempre estaba vacía.
-Mucho trabajo -pensó María- ¿Cómo hemos llegado a esto? Se pasa el día arreglando cosas y yo... Siempre hay algo roto, todo son problemas.

Él se levantó y fue hacia la parte seca del césped, encendió la manguera y lo regó largo tiempo hasta encharcarlo.
- ¡No se puede hacer nada! - dijo María - ¡Déjalo! Ya volverá a crecer…
Los dos sabían que no volvería a salir.

- ¿No vamos a cenar?- dijo Sebastián -
- Hay una manzana para ti, yo no voy a tomar nada.
Él se metió en la casa y salió al momento con la manzana.
- Está podrida- Dijo Sebastián.
María no respondió y siguió leyendo. Él miró la manzana, la miró a ella, tiró la manzana contra un árbol y se metió dentro.

María dejó el libro sobre la mesa y cerró los ojos. El viento era fresco, estaba anocheciendo. Abrió los ojos y se bebió el último trago de vino. Volvió a mirar la parte seca del césped.
- Está muerto – pensó – todo está muerto.

(Pino Montalvo)

Father

Will you hold my hand
when night falls on me?
Will you, father?
Will you look for me
and bring me home?
Will you dry my eyes?
Will you sing to me?

Oh father,
What made you think
I didn´t need you anymore?

(Pino Montalvo)

After you

Full moon shinning on the snow
Soft light on my hands
The air – quietly –
Freezing my heart

After you
Snow and silence.

(Pino Montalvo)

The boy

He looked at his feet all day
wondering if he would use them
after death.

His little feet went pale.
He looked at the window and said:
I´ll fly away to leave my bed

(Pino Montalvo)

Unloved

I wanted his heart
To bleed on mine
– week and thirsty –

I wanted him
To hurt me
And die for me

I wanted him
I wanted me in him!

(How could I know then,
He wasn’t the one
To love me
But the one
To be loved?)

(Pino Montalvo)

Hunger

A man hurt me
The other night
I allowed him to do it
– again –

He was gentle before love
He was gentle during love
He was not gentle after love

(Hunger of men,
some feed from our body
others, from our heart)

(Pino Montalvo)

There is a light

There is a light
behind the light we see
a brighter one
mother of all stars

Tenderly
blows the ashes away
keeps our heart
warm and calm

There is a light
behind the light we see
always forgiving
when we need to be forgiven
always healing
when we need to be healed

(Pino Montalvo)