domingo, 22 de noviembre de 2009

I died for beauty

I died for beauty, but was scarce
Adjusted in the tomb,
When one who died for truth was lain
In an adjoining room.

He questioned softly why I failed?
"For beauty," I replied.
"And I for truth - the two are one;
We brethren are," he said.

And so, as kinsmen met a-night,
We talked between the rooms,
Until the moss had reached our lips,
And covered up our names.

(Emily Dickinson)

El reencuentro

Estaba a punto de separarme. Mi vida se desmoronaba y tenía miedo, mucho miedo.

Un día me llamó una antigua amiga del campamento. Hacía muchos años que no la veía. Siempre fue la niña más guapa; seguía siéndolo. Recordaba su pelo castaño y liso cubriéndole la espalda. Recordaba sus ojos color aceituna; su acento andaluz; su aire musical (un poco arrogante y flamenco).

Vivía sola en Malasaña desde hacía seis meses. Se había ido de Sevilla para olvidar. Estuvo enamorada siete años de un hombre casado. Fueron amantes. Ella le esperó siempre (seguía esperándole), pero él era de falsas promesas, bien acomodado. Me dijo que todos aquellos años habían sido años perdidos, años de sufrimiento y soledad. Hacía poco que su amante la había llamado. Ella hizo las maletas y se fue el fin de semana a Sevilla, al hotel donde siempre se encontraban. Cuando volvió a Madrid no supo más de él.

Una noche salimos con nuestros amigos del campamento. Bailó con su primer amor toda la noche. Me contó después que se fueron juntos al salir del bar; que se sintió de nuevo como una niña, pero esta vez como mujer; que durmieron en casa de él; que a su lado se sintió protegida; que a la mañana siguiente, él no tenía nada para desayunar y mientras la acompañaba a la puerta se despedía con un “ya nos veremos”; que todos los hombres son iguales; que van a lo que van...

La última vez que hablamos, me dijo que me fuese a vivir con ella. Le dije que me lo pensaría. Me imaginé viviendo con ella; me imaginé despertándome en un piso en Malasaña; me imaginé saliendo por las noches y volviendo a casa al amanecer; me imaginé mendigando amor en cada esquina.

No volví a llamarla.

(Pino Montalvo)

El niño

Era consultor en una importante empresa. Tenía 29 años y los ojos de un azul brillante cielo. Reconocí el niño que había en él cuando, al quedarnos solos un momento, agachó la cabeza sobre sus rodillas y se la cubrió con las manos.

Yo también me volví niña y me quedé callada, sin saber qué decir...

(Pino Montalvo)

Viejo llorón


Estás triste y solo
mi viejo llorón,
no quisiste llorar de joven
no quisiste llorar tu amor.

Ojos de cristal grisáceo
la vejez te ha devuelto el corazón.

Ay... viejo llorón
cuántos abrazos me pides ahora,
ahora que ya no estoy.

(Pino Montalvo)

Reconciliación 00

Cuando te conocí me hablabas en círculos. Me hablabas del verde y del Greco, de Rusia y de Dios... Tus dedos trazaban formas en el aire, a veces sobre la mesa.

Nuestra conversación se convertía en un baile, me gustaba escucharte y dejarme llevar por la música...

Reconciliacion 01

Me contaron una historia sobre un psicoanalista y su paciente.

Llevaban más de un año viéndose en consulta. El paciente hablaba de su mujer, de su trabajo, de su madre, del colegio... pero nunca nombraba a su padre.

Un día de tormenta, el paciente llegó tarde y empapado por la lluvia. Nada más entrar en la consulta, mientras se quitaba el abrigo dijo:

“- ¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”

El psicoanalista le mandó a casa en ese mismo momento, después de cobrarle (claro) los 60 eur de la cita. El paciente se fue muy enfadado, jurándose que cambiaría de psicoanalista esa misma semana. Pasó toda la noche en vela, preguntándose qué le habría hecho al psicoanalista para que éste le echase de la consulta.

A la mañana siguiente se acordó de la lluvia que había caído la tarde anterior, recordó lo empapado que estaba cuando llegó a la consulta y lo que dijo al entrar: “¡Me cago en mi padre! ¡La que está cayendo!”.

El paciente volvió a la semana siguiente a la consulta y empezó a hablar de su padre...

(Pino Montalvo)

Reconciliación 02

Me di cuenta de que te ibas a ir con la mujer que estaba sentada a tu lado. Ella estaba cansada. Pude sentir la música, tu nueva música. Tus dedos trazaban formas sobre la mesa alrededor de su mano. Ella se mecía en tus palabras.

No comprendí por qué tuve que ser testigo de aquello.¡Qué frialdad hay en un amor que ha pasado página! ¡qué abandono!

(Pino Montalvo)

Reconciliación 03

Hace unos días empecé a hablar con mi madre de mi. Nunca había hablado con ella (tal vez de pequeña, pero muy poco). Me llevé una sorpresa cuando al empezar a hablar, ella terminaba las frases.

Mi madre había estado esperándome todos estos años, aunque mi mirada ya se lo iba contando todo...

(Pino Montalvo)

Reconciliación 04

No hablaba con su hijo mayor desde hacía muchos años. Frente a sus amigos era el más bromista, en casa siempre de mal humor.

En el hospital, momentos antes de morir, pidió que cerrasen un poco las cortinas. No quería demasiada luz; la suficiente para ver a su familia.

Cogió la mano de su hijo mayor y le miró a los ojos por primera vez. Su hijo lloró. Él le acarició la mejilla. Entonces se le fue el miedo. Todo el miedo. La muerte, antes de llevárselo, le había hecho el regalo más preciado: un corazón humilde.

(Pino Montalvo)